La calle de los domingos bogotanos se ve y suena diferente. Los músicos de semáforo y esquina son, tal vez, uno de los despilfarros de talento más evidentes en esta ciudad cosmopolita. Desde el lente de una cámara, la estética y los detalles del músico callejero valen mucho más que las pocas monedas que caen en sus canastos. Las siguientes tres fotografías son una muestra de las infinitas historias que cantan los artistas en la calle, mientras miles pasan sin inmutarse, y otros pocos se detienen, escuchan, suspiran y siguen sus caminos.



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